Las Momias de la Laguna de los Cóndores
La conservación de los restos humanos de la Laguna de los
Cóndores es extraordinaria. ¿Cómo se podría
explicar tal conservación en un área de tan fuertes
lluvias y humedad? A pesar del clima y del agua que cae en cascadas
desde la saliente que protege las chullpas, la cornisa seca donde
éstas se ubican posee un microclima seco y frío, que
contribuyó a la preservación de los restos orgánicos.
Aparentemente, los Chachapoya no embalsamaban a sus muertos; más
bien escogían deliberadamente sitos de entierro con características
aparentes que permitían la preservación de los cuerpos.
La evidencia sugiere que fueron los Inca quienes introdujeron las
técnicas de evisceración y embalsamado.
Estudios preliminares señalan la habilidad de los
embalsamadores de la Laguna de los Cóndores. La piel
de las momias fue tratada semejando cuero, mientras que
copas de algodón colocados debajo de las mejillas,
en la boca y en las fosas nasales, ayudaban a preservar
los rasgos faciales. Controlaron la descomposición
de los cuerpos vaciando la cavidad abdominal a través
del ano, sellando el orificio con un tapón de tela.
Los cuerpos fueron reducidos a su mínimo volumen
y peso: las articulaciones están forzadas al punto
que la posición flexionada de las momias no es natural.
Finalmente, los cuerpos fueron envueltos en capas de textiles
que, actuando como aislante, también contribuyeron
a su conservación.
De izquierda a derecha: Fardo
funerario envuelto en una tela pintada; Cara estilizada
bordada en un fardo funerario; Momia de un hombre adulto
(Adriana von Hagen)
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